No hay un filamento para todo: por dónde empezar
Cuando encargás o imprimís una pieza, la primera decisión de verdad no es la impresora ni el color: es el material. El mismo archivo STL impreso en PLA o en TPU son, en la práctica, dos objetos distintos. Uno es rígido y se parte si lo doblás; el otro se estira como una goma y vuelve a su forma. Por eso, antes de mandar a imprimir, conviene tener claro qué tiene que hacer la pieza.
Para no marearse con la ficha técnica de cada rollo, alcanza con mirar cinco propiedades. Son las que definen casi todo el resultado:
- Resistencia mecánica: cuánto aguanta antes de romperse y cómo se rompe. Hay materiales rígidos que soportan mucha carga pero son frágiles ante un golpe seco, y otros más tenaces que absorben el impacto sin partirse.
- Resistencia a la temperatura: a partir de qué temperatura el plástico se ablanda y pierde la forma. Es lo que decide si una pieza aguanta adentro de un auto al sol o al lado de un motor.
- Dificultad de impresión: qué tan mañoso es de imprimir. Algunos salen bien casi siempre; otros piden cama caliente, ambiente cerrado y calibración fina.
- Resistencia a la intemperie (UV): si aguanta el sol y la lluvia sin volverse frágil, decolorarse o degradarse con los meses.
- Para qué sirve: el resumen práctico de todo lo anterior, el tipo de pieza donde cada material rinde de verdad.
La conclusión de fondo es la misma que repetimos siempre: no existe el mejor filamento, existe el adecuado para tu pieza. Un material caro y técnico puede ser una mala elección si la pieza solo va a decorar un estante, y un PLA barato puede arruinarte un proyecto si la pieza va a vivir al sol. Veamos uno por uno.
PLA: el más fácil, para lo que no sufre calor ni sol
El PLA es el material con el que casi todos empiezan, y con razón: es el más fácil de imprimir. Funde a temperaturas bajas (rondando los 190 a 220 C), no necesita una cama muy caliente y casi no se contrae al enfriar, así que rara vez se deforma o se despega. Además da muy buen detalle y sale prolijo sin pelear con la máquina.
En lo mecánico es rígido y bastante duro, incluso más rígido que el PETG o el ABS. Esa rigidez tiene una contra: es algo frágil. Ante un golpe seco o una flexión repetida tiende a partirse en lugar de ceder. Sirve muy bien para soportar carga estática, pero no es el ideal para piezas que reciben impactos o que se doblan una y otra vez.
Su gran debilidad es el calor. El PLA se empieza a ablandar a temperaturas relativamente bajas (su transición vítrea ronda los 55 a 60 C), así que una pieza olvidada dentro de un auto al sol en verano se puede deformar sola. Tampoco es amigo de la intemperie: con meses de sol y lluvia se vuelve frágil y se degrada. No lo elijas para nada que viva afuera o cerca de una fuente de calor.
Para qué sirve entonces: prototipos, maquetas, piezas decorativas, figuras, organizadores, carcasas y todo lo que va a vivir en un ambiente interior y templado. Es económico, viene en mil colores y acabados, y para la enorme mayoría de las piezas de uso hogareño alcanza y sobra.
PETG: el equilibrio para piezas funcionales
Si el PLA se queda corto pero no necesitás irte a un material complicado, el PETG suele ser la respuesta. Es el punto medio: bastante más resistente y tenaz que el PLA, con algo de flexibilidad que lo hace menos frágil, y todavía razonablemente fácil de imprimir. Por eso es el caballito de batalla de muchas piezas funcionales.
Aguanta mejor la temperatura que el PLA (se mantiene firme más allá de los 70 a 80 C), resiste bien la humedad y no se degrada tan rápido al aire libre, aunque no es tan estable al sol como el ASA. También tiene buena resistencia química. Es un material que se banca el uso real: piezas que están a la intemperie de forma moderada, que se mojan o que sufren algo de esfuerzo.
No es tan dócil como el PLA. Imprime a más temperatura (unos 230 a 250 C), es más propenso al stringing (esos hilos finos entre partes) y conviene bajar un poco la velocidad. Además es higroscópico: absorbe humedad del ambiente, y si el rollo está húmedo salen burbujas y la pieza queda débil, así que a veces hay que secarlo antes de imprimir. Otra particularidad: pega tan fuerte a algunas camas que conviene usar separador para que después salga sin arrancar un pedazo de la placa.
Para qué sirve: piezas funcionales y mecánicas, soportes, enganches, ganchos, cajas para exterior, piezas que se mojan o que tienen que aguantar algún golpe sin partirse. Cuando alguien pide una pieza útil de verdad y no sabe qué material usar, el PETG es una apuesta segura la mayoría de las veces.
ABS y ASA: calor, golpes y (con el ASA) intemperie
El ABS es el plástico de los bloques de encastre y de muchas piezas de electrodomésticos, y en impresión 3D se elige por dos cosas: aguanta bastante más calor que el PLA o el PETG (se mantiene firme por encima de los 90 a 100 C) y es tenaz, resiste golpes sin partirse. Además se puede mecanizar, pegar y alisar con vapor de acetona para dejarlo liso y brillante.
El ASA es, para simplificar, un primo del ABS con casi las mismas propiedades mecánicas y de temperatura, pero con una ventaja clave: resiste el sol. El ABS a la intemperie se pone amarillo y frágil con los meses porque el UV lo degrada; el ASA fue formulado justamente para aguantar el exterior sin decolorarse ni perder resistencia. Si la pieza va a vivir al sol, el ASA le gana al ABS sin discusión.
La contra de ambos es que son difíciles de imprimir. Se contraen bastante al enfriar, así que tienden a deformarse (warping) y a agrietarse entre capas si hay corrientes de aire. Piden cama bien caliente (90 a 110 C) y, en la práctica, una impresora cerrada que mantenga el ambiente templado. Además largan vapores con olor bastante fuerte al imprimir (estireno), así que conviene ventilar el espacio. No son materiales para arrancar sin algo de experiencia.
Para qué sirve: piezas técnicas expuestas al calor o al sol, soportes para el auto, carcasas de exterior, componentes cerca de motores o fuentes de calor, piezas que reciben golpes. Regla práctica: si necesita aguantar calor y no ve el sol, el ABS puede alcanzar; si además vive a la intemperie, ASA.
TPU: cuando la pieza tiene que doblarse
El TPU es el único de esta lista que no es rígido: es un filamento flexible y elástico, que se estira y vuelve a su forma como una goma. Se mide por su dureza (escala Shore, típico 85A a 95A: más bajo, más blando y elástico; más alto, más firme). Es un mundo aparte, porque resuelve algo que ningún plástico rígido puede: piezas que tienen que flexionar, amortiguar o sellar.
Además de flexible, es muy resistente a la abrasión y a los golpes (literalmente rebota), y aguanta bien aceites y muchos químicos. No lo elegís por su resistencia a la temperatura ni por su rigidez, sino por su elasticidad y su tenacidad. Es el material de las piezas que se aplastan y se recuperan sin quedar marcadas.
Imprimirlo tiene su técnica. Al ser elástico, el filamento se puede pandear y enredar en el sistema que lo empuja, así que se imprime lento y con cuidado; los extrusores de arrastre directo (direct drive) lo manejan mucho mejor que los de tubo bowden. La retracción hay que ajustarla fino para evitar atascos. No es imposible, pero pide paciencia y una configuración propia.
Para qué sirve: fundas y protectores, juntas y sellos, ruedas y topes, amortiguadores, mangos blandos, correas y tapones; cualquier pieza que tenga que doblarse, estirarse o absorber un impacto. Cuando una pieza rígida se rompe justo porque no cede, muchas veces la respuesta es rehacerla en TPU.
Cómo elegir según tu pieza: guía rápida
Puestos a resumir, la elección casi siempre sale de responder una pregunta simple: dónde va a vivir la pieza y qué esfuerzo va a sufrir. Con eso, la tabla se ordena sola:
- Interior, sin calor ni esfuerzo grande (deco, prototipos, organizadores): PLA. Barato, fácil y prolijo.
- Pieza funcional que se moja, recibe algún golpe o vive un poco afuera: PETG. El equilibrio más seguro.
- Tiene que aguantar calor o golpes fuertes, pero a la sombra: ABS. Resistente y mecanizable, aunque mañoso.
- Vive al sol y a la intemperie: ASA. La mejor resistencia al UV y al clima.
- Tiene que doblarse, amortiguar o sellar: TPU. El único flexible del grupo.
Un par de aclaraciones que valen para todos. Primero, casi todos estos materiales (sobre todo PETG, ABS, ASA y TPU) son higroscópicos: absorben humedad del aire, y un rollo húmedo imprime mal. Guardarlos secos y, si hace falta, secarlos antes de imprimir es parte de que la pieza salga bien. Segundo, dentro de cada familia hay variantes (PLA+, PETG con fibra, mezclas reforzadas) que corren un poco estos límites, pero la lógica general se mantiene.
También conviene recordar que el material no trabaja solo: la orientación de la pieza, el relleno y la cantidad de paredes influyen tanto como el plástico elegido. Un PETG mal configurado puede rendir peor que un PLA bien impreso. Por eso la elección del filamento es el primer paso, no el único.
Si tenés una pieza en mente y no estás seguro de qué material le conviene, contanos para qué es, dónde va a estar y qué esfuerzo tiene que aguantar. Con esos datos elegimos el filamento y la configuración para que salga bien pensada desde el material, no a las apuradas.