Por qué post-procesar y qué resultados son realistas
Una pieza recién salida de una impresora FDM siempre muestra las líneas de capa: se ven a contraluz y se sienten al pasar el dedo. El post-procesado es todo lo que se hace después de imprimir para eliminar o disimular esas marcas y darle una terminación: superficie lisa, color parejo y el brillo o el mate que busques.
Lo primero es honesto: no toda pieza necesita post-proceso. Una pieza funcional que va escondida (un soporte, un buje, un repuesto interno) funciona perfecta tal como sale. El trabajo de acabado se justifica cuando la pieza va a estar a la vista, es un producto para mostrar o una figura donde la terminación es lo que importa.
El segundo mensaje realista es el tiempo. Lijar, imprimar y pintar bien puede llevar más horas que la propia impresión, y es trabajo manual que no se puede apurar sin que se note. Conviene decidir de entrada cuánto acabado amerita la pieza, porque el salto de 'prolija' a 'perfecta' es el más caro en horas.
Hay dos grandes caminos, y muchas veces se combinan:
- Mecánico: lijado, imprimación, masilla y pintura. Funciona con cualquier material (PLA, PETG, ABS, ASA, resina) y da control total sobre el color y el acabado final.
- Químico: alisado con vapor de solvente, que funde levemente la superficie y borra las líneas de capa de una. Es rápido y muy parejo, pero solo anda bien con ABS y ASA. Lo vemos en detalle más abajo.
Paso 1: limpiar la pieza y tapar los defectos
Antes de tocar una lija hay que dejar la pieza limpia y pareja. Retira los soportes con una pinza de punta (mejor con la pieza todavía algo tibia en PLA, que sueltan más fácil) y corta los restos con una trincheta. Revisa la costura (seam), esa línea vertical donde la impresora cierra cada capa, y la pata de elefante (elephant foot), el reborde ancho de la base.
Con una trincheta o una lima, rebaja los blobs, las rebabas y las marcas de soporte más gruesas. Este desbaste grueso se hace antes del lijado fino: no tiene sentido gastar lija de grano alto para bajar un bulto que sale en dos pasadas de trincheta.
Los huecos y las capas mal pegadas se rellenan. Para imperfecciones chicas, la masilla plástica (putty) de modelismo es lo más cómodo: se aplica, seca y se lija. Para un relleno duro y rápido hay un truco de taller: poner una gota de cianoacrilato (la gotita) y espolvorear bicarbonato de sodio encima; reacciona al instante y queda un material sólido que se lija muy bien. Para huecos grandes conviene masilla epoxi.
El objetivo de este paso es llegar al lijado con una pieza sin sorpresas: sin restos de soporte, sin bultos y con los huecos ya tapados. Todo lo que dejes ahora lo vas a arrastrar hasta el final.
Paso 2: lijado, de grano grueso a lijado en húmedo
El lijado es el corazón del acabado mecánico y se hace de forma progresiva: se arranca con un grano grueso para bajar las líneas de capa y se va subiendo de grano para borrar las marcas que dejó el grano anterior. Saltarse pasos no ahorra tiempo; deja rayones que después cuesta sacar.
Una progresión típica en plástico: empezar en 120 o 180 para atacar las capas, seguir con 240, después 320 o 400, y de ahí a 600, 800 y 1000. Si buscas brillo, se puede continuar con 1500, 2000 y hasta pulido. Para una pieza que después va imprimada y pintada no hace falta ir tan lejos: con llegar a 400 alcanza, porque la imprimación tapa el resto.
De 400 en adelante conviene lijar en húmedo. Se usa lija al agua (de carburo de silicio) mojando la lija y la pieza con agua, idealmente con una gota de detergente. El agua arrastra el polvo, evita que la lija se sature y da un acabado mucho más fino y parejo. Además mantiene la superficie fría, algo clave en PLA.
Ese detalle del calor no es menor: el PLA se ablanda a temperaturas bajas (alrededor de 60 grados), y la fricción de lijar en seco y rápido puede embarrarlo o llenarlo de pelusas fundidas. Lijar en húmedo, con presión suave y sin apurar, evita ese problema. El PETG y el ABS toleran algo más de calor, pero la lógica es la misma.
Un consejo práctico: usa un taco de lijado o algo plano detrás de la lija en las superficies planas, para no redondear los bordes sin querer. En las curvas, la lija a mano o envuelta en una esponja copia mejor la forma.
Paso 3: imprimación (primer), el paso que revela y unifica
La imprimación o primer es una capa base que se aplica después de lijar y antes de pintar. Cumple tres funciones: tapa las microimperfecciones y los poros que quedan, unifica la superficie para que la pintura agarre parejo, y mejora la adherencia del color al plástico, que de por sí es poco poroso.
Para piezas 3D conviene un primer de relleno (filler primer o high-build primer) en aerosol. Tiene más sólidos que un primer común, así que rellena mejor las líneas de capa finas que sobrevivieron al lijado. El gris es el más práctico porque, al ser un color neutro y mate, deja ver cualquier defecto que todavía haya que corregir.
Se aplica en capas finas, nunca una gruesa: varias manos livianas, dejando que cada una 'flashee' (pierda el brillo húmedo) antes de la siguiente. Una capa gruesa chorrea y tapa el detalle. Después de que seca, se vuelve a lijar en húmedo con grano 400 o 600, y ahí la superficie queda realmente lisa.
Casi siempre hacen falta dos o tres ciclos de imprimar y lijar para eliminar del todo las líneas de capa en una pieza a la vista. Es el paso que más separa un acabado casero de uno prolijo, y también el que la mayoría se saltea con ganas de ir directo a la pintura. Vale la pena la paciencia.
Paso 4: pintura y barniz, el acabado final
Con la pieza imprimada y lisa, la pintura define el color y buena parte del aspecto. Lo más accesible y de mejor resultado para el que no tiene equipo es la pintura acrílica en aerosol, aunque también se puede pintar a pincel o con aerógrafo si se busca más control.
La regla de oro es la misma que con el primer: capas finas y múltiples, no una gruesa. Se aplica el aerosol a unos 20 o 30 centímetros, en pasadas parejas, dejando secar entre manos. Dos o tres capas finas dan un color sólido y sin chorreaduras; una sola capa cargada casi siempre termina en goterones.
El orden habitual es imprimación, color y barniz de protección (clear coat). Si la pieza lleva varios colores o detalles, se pinta primero el color de base y después los detalles, ayudándote con cinta de enmascarar para lograr líneas limpias.
El barniz final decide el acabado y protege la pintura. Un barniz mate quita reflejos y da un aspecto sobrio y profesional; uno satinado deja un brillo suave; uno brillante levanta el brillo al máximo. El mismo objeto, con el mismo color, cambia por completo según el barniz. Aplícalo también en capas finas, al final de todo.
Alisado químico: vapor de acetona en ABS y ASA (y por qué el PLA es otra historia)
El alisado con vapor de solvente es el atajo para lograr una superficie lisa y brillante sin lijar hora tras hora, pero funciona principalmente con ABS y ASA. Estos plásticos se ablandan con la acetona: expuestos a sus vapores, la superficie se funde apenas, las líneas de capa se unen entre sí y la pieza queda con un acabado liso y brillante, parecido al de una pieza inyectada.
El método más usado es el vapor frío (cold vapor): un recipiente cerrado con acetona en las paredes (empapando papel o toallas) y la pieza suspendida o apoyada sobre un pedestal para que no toque el líquido. A temperatura ambiente, los vapores hacen el trabajo en un rango de minutos que hay que ir mirando; cuando la superficie se ve brillante, se saca. Pasarse funde el detalle y redondea todo.
Los riesgos hay que tomarlos en serio. La acetona es muy inflamable y sus vapores son tóxicos: esto se hace con buena ventilación, lejos de cualquier fuente de calor o chispa, y con guantes. Además, la pieza recién alisada queda blanda y sigue liberando solvente durante horas; hay que dejarla curar y ventilar (idealmente un día) antes de manipularla o pintarla, o la vas a marcar con los dedos.
Otra contra: el alisado redondea bordes y come detalle fino, así que no sirve para piezas con tolerancias ajustadas, textos chicos o encastres precisos. Es ideal para piezas decorativas o carcasas donde querés el brillo parejo, no para mecánica de precisión.
El PLA es harina de otro costal: no reacciona con la acetona, así que este método no le sirve. Existen solventes que sí lo atacan (diclorometano, cloroformo, THF), pero son bastante más tóxicos y peligrosos, y no valen la pena a nivel taller o hobby. Para el PLA, y también para el PETG, el camino realista es el mecánico: lijado e imprimación, o un recubrimiento de resina epoxi tipo 'brush-on' que se aplica con pincel, autonivela y tapa las líneas de capa con una sola mano.
Qué método conviene según tu pieza
No hay un método único mejor: depende del material, del uso y de cuánto acabado justifica la pieza. Algunas guías rápidas para decidir sin perder tiempo:
- Pieza funcional escondida: no post-proceses nada. Sacar los soportes y listo; el resto es gastar horas en algo que nadie va a ver.
- Pieza a la vista en PLA o PETG: camino mecánico. Lijado progresivo (en húmedo de 400 en adelante), dos o tres ciclos de imprimación y lijado, y pintura con barniz al gusto.
- Pieza decorativa o carcasa en ABS/ASA que quiere brillo parejo: alisado con vapor de acetona, respetando la seguridad y el tiempo de curado. Si además lleva color, se puede alisar y después pintar.
- Detalle fino, textos o encastres precisos: nada de vapor. Lijado suave y controlado para no comerte el detalle.
El resumen honesto es el de siempre: el mejor acabado existe, pero se paga en horas de trabajo manual. Si tenés una pieza en mente y no sabés qué terminación conviene, o preferís que salga resuelta sin pelearte con lija y aerosol, contanos para qué la querés y nos ocupamos del post-proceso con criterio.